
Apología de Sócrates. Análisis jurídico penal y procesal (Parte primera)
Análisis
Francisco Galván GonzálezCriminalia Exprés · Año I · Núm. 023 · Diciembre de 2024 · 21 min de lectura
¿Por qué escribir del proceso penal de Sócrates? Para desmentir la justificación que hicieron los políticos legisladores cuando impulsaron la regulación constitucional del hoy llamado proceso penal acusatorio y oral mexicano, y demostrar que «No hay nada nuevo bajo el sol»:
El origen de este proverbio se encuentra en la Biblia, en concreto en Eclesiastés (Capítulo 1, versículo 9), y se le atribuye al rey Salomón: “Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y no hay nada nuevo bajo el sol”.
La traducción proviene del latín (Nihil novum sub sole), y gira alrededor de la idea de que todo, o casi todo, tiene un precedente, la Historia se desarrolla de manera cíclica, repitiéndose cada cierto tiempo unos hitos concretos, que pueden transformarse en la forma pero no en el fondo.1
I. Apología. En el Diccionario de la Lengua Española, se lee:
Apología. (Del. lat. apología y este del gr. απολογια) f. Discurso de palabra o por escrito, en defensa o alabanza de personas o cosas.2
El apologista3 fue Platón4 [Aristóteles/Aristocles5], su discípulo más cercano6:
Platón, ateniense como su maestro, nace en 427 y muere en 347 a. de C., ello es, veintitrés años después de la muerte de Demócrito y cincuenta y dos después de la muerte de Sócrates. Desciende de nombre noble; recibe la más refinada educación artística y científica de su tiempo. Sócrates ha influido decisivamente en su vida: lo aparta de sus aficiones poéticas para llevarlo al campo de la investigación filosófica. Fue el más fiel de sus discípulos y el que mejor ha comprendido al maestro, pero también el más independiente. La muerte de Sócrates determina su viaje a Megara, invitado por Euclides; después visita Cirene y Egipto; por algún tiempo, vuelve a Atenas, en donde inicia con su pluma y su palabra su carrera docente. […].7
II. Sócrates
2.1. Su nombre. Cuando empecé a saber de este filósofo8:
VIII. En cuanto al nombre, Pitágoras fue el primero que se le impuso llamándose Filósofo, estando en conversación familiar en Sición con Leonte, tirano de los sicioneses o filiaseos, como refiere Heráclides Póntico en el libro que escribió De la intercepción de la respiración. “Ninguno de los hombres, dijo Pitágoras, es sabio: lo es sólo Dios”. Antes la filosofía se llamaba sabiduría, y sabio el que la profesaba, habiendo llegado a lo sumo de su perfección; pero el que se dedicaba a ella se llamaba filósofo; aunque los sabios se llamaban también sofistas, y aun los poetas; pues Cratino en su Archíloco, citando a Homero y a Hesíodo, así los llama. Sabios fueron juzgados Tales, Solón, Pedriandro, Cleóbulo, Chilón, Biante y Pitaco. A éstos se agregan Anacarsis Scita, Misón, Chéneo, Ferécides Siro y Epiménides Cretense. Algunos añaden a Pisístrato Tirano. Estos fueron los sabios.9
Por ello, el único filósofo fue Sócrates, pero no el único en llamarse Sócrates:
24. Hubo otro Sócrates historiador, que describió con exactitud la región Argólica. Otro peripatético, natural de Bitinia. Otro poeta epigramático. Y otro natural de Cóo, escritor de los sobrenombres de los dioses.10
2.2. Su vida
1. Sócrates fue hijo de Sofronisco, cantero de profesión, y de Fenareta, obstetriz, como lo dice Platón en el diálogo intitulado Teeteto. Nació en Alopeca, pueblo de Ática.11 […]. Nació Sócrates, según Apolodoro en sus Crónicas, siendo arconte Apsefión, el año cuarto de la Olimpiada LXXVII, a 6 de Targelión, en cuyo día los atenienses lustran la ciudad, y dicen los delios que nació Diana. Murió el año primero de la Olimpiada XCV, a los setenta de su edad.12
Como no existía ningún registro oficial de nacimientos en Atenas, no tenemos un dato directo del nacimiento de Sócrates, hijo de Sofronisco y de Fenarete, de la tribu antióquida, y del deme o, como nosotros diríamos, la parroquia o barrio, de Alopece. Sin embargo, podemos fijar indirectamente el año de su nacimiento dentro de límites muy estrechos. Se llevó, naturalmente, un registro oficial de su proceso y condena, que ocurrieron en la primavera de 399 a. c. (el “año de Laques”), y Platón nos dice que por la época del proceso tenía setenta años, o poco más. Por tanto, estaremos muy cerca de la verdad si suponemos que nació en 470, sólo nueve años después de la decisiva derrota del ejército persa en Platea.13
2.3. Su formación
2. Habiendo sido discípulo de Anaxágoras, como aseguran algunos, y de Damón, según dice Alejandro en las Sucesiones; después de la condenación de aquél, se pasó a Arquelao Físico14, el cual usó de él deshonestamente, como afirma Aristoxenes. Duris dice que se puso a servir, y que fue escultor en mármoles: y aseguran muchos que las Gracias vestidas que están en la Roca son de su mano15. De donde dice Timón en sus Sátiras:
De estas Gracias provino
el cortador de piedras,
el parlador de Leyes,
oráculo de Grecia.
Aquel sabio aparente y simulado,
Burlador, y orador semiateniense16.En la oratoria era vehementísimo, como dice Idomeneo; pero los treinta tiranos le prohibieron enseñarla, según refiere Jenofonte. También lo moteja Aristófanes porque hacía buenas las causas malas. Según Favorino en su Historia varia, fue el primero que con Esquines, su discípulo, enseñó la Retórica: lo que confirma Idomeneo en su Tratado de los discípulos de Sócrates. Fue también el primero que trató la Moral, y el primero de los filósofos que murió condenado por la justicia.17
2.4. Su familia
8. Aristóteles escribe que tuvo dos mujeres propias: la primera Jantipa, de la cual hubo a Lamprocle; la segunda Mirto, hija de Arístides el Justo, la que recibió indotada, y de la cual tuvo a Sofronisco y a Menexeno. Algunos quieren casase primero con Mirto; otros que casó a un mismo tiempo con ambas, y de este sentir son Sátiro y Jerónimo de Rodas; pues dicen que queriendo los atenienses poblar la ciudad, exhausta de ciudadanos por las guerras y contagios, decretaron que los ciudadanos casasen con una ciudadana, y además pudiesen procrear hijos con otra mujer, y que Sócrates lo ejecutó así.18
2.5. Su profesión. Si aceptamos lo que este término significa, Sócrates fue un profesor, un maestro, un educador para la enseñanza de cómo ser y cómo vivir la vida:
Sócrates, como los sofistas, acude a la plaza pública a instruir a sus conciudadanos. Se distingue de ellos en que no es un mercader de la sabiduría. No conversa como un hombre que oculta su ignorancia con frases seductoras; quiere, en comunidad de trabajo, descubrir la verdad, pues es consciente de que ignora demasiado, a diferencia de los sofistas que, creyendo saber todo, ni siquiera se dan cuenta de su propia ignorancia.
Para convencer y hacer notoria la ignorancia del aparente sabio, se sirve Sócrates de hábiles preguntas encaminadas a confundirlo. Esta es la ironía socrática (ironía significa en griego interrogación). Así el “no saber”, que en un principio expresa la modestia del filósofo (“saber es sólo poder divino, la misión del hombre es aspirar al saber”), se torna un disfraz pedagógico: su final objetivo es conducir al interlocutor, por propia reflexión a la verdad moral.19
El método que consigue estos propósitos consta de dos partes: destructiva y negativa una; creadora y positiva la otra. La ironía socrática es el arte de rebatir, de exhibir la ignorancia del aparente sabio, y se llama eléntica (de elenchos, objeción); la segunda es el arte de dar a luz en cada cual, de descubrir la verdad que debe orientar la vida; se llama mayéutica (de maieutiké, arte de la partera20) o heurística (de heuristiké, arte de descubrir).21
2.6. Su línea filosófica académica. Sin haber enseñado en alguna institución, pues su escuela o lugar para enseñar lo fue el ágora, la plaza, la calle, las banquetas, o sea, en cualesquiera lugar, sus discípulos fueron muchos y sobresalientes, su línea filosófica es la que permitió que su saber se conociese y perdure hasta hoy:
23. De los sucesores de Sócrates, llamados Socráticos, los principales fueron Platón, Jenofonte y Antístenes. De los que llaman los diez, fueron cuatro los más ilustres, a saber: Esquines, Fenón, Euclides y Aristipo. Trataremos primero de Jenofonte. De Antístenes hablaremos entre los Cínicos. Luego de los Socráticos, y en último lugar de Platón, que es el jefe de las diez sectas, e instituidor de la primera Academia. Este será el orden que guardaremos.22
[…] A Sócrates sucedieron sus discípulos, principalmente Platón, instituidor de la Academia primitiva. A Platón sucedieron Speusipo y Xenócrates; a éste se siguió Polemón; a Polemón, Crantor y Crates; a éste Arcesilao, que introdujo la Academia media; a Arcesilao sucedió Lacides, inventor de la Academia nueva; a Lacides sucedió Carneades; y a Carneades, Clitómaco. De este modo acaba de Clitómaco la secta jónica.23
2.7. El sólo sé que no sé nada y el conócete a ti mismo. Estas dos frases tienen origen divino. La segunda estaba inscrita en el Templo de Apolo24/25:
La filosofía socrática rechaza relativismo y escepticismo; su método tiene el designio de obtener conocimientos universalmente válidos. Sócrates hace del examen de sí mismo un método filosófico. Conócete a ti mismo: he ahí su principio. En efecto, el examen de casos concretos, vividos por cada cual, es el medio para descubrir las ideas generales, los conceptos […].26
La explicación del sólo sé que no sé nada27, se encuentra en el discurso de defensa de Sócrates:
PróximamenteRevista CriminaliaSuscríbete a Criminalia 2026Los tres números impresos de 2026 y un regalo a elegir. Envío sin costo en México.$1,999 MXN · pago único anualPróximamenteEsa objeción me parece justa. Voy a explicaros lo que tanto me ha desacreditado y ha hecho mi nombre tan famoso. Escuchadme, pues. Quizá alguno de entre vosotros creerán que yo no hable seriamente pero estad persuadidos que no diré más que la verdad.
La reputación que yo haya podido adquirir no tiene otro origen que una cierta sabiduría que existe en mí. ¿Cuál es esta sabiduría? Quizá es una sabiduría puramente humana y corro el riesgo de no ser, en otro concepto, sabio, al paso que los hombres de que acabo de hablaros son sabios de una sabiduría mucho más humana.
Nada tengo que deciros de esta última sabiduría, porque no la conozco, y todos los que me la imputan mienten y sólo intentan calumniarme. No os incomodéis, atenienses, si al parecer os hablo de mí mismo demasiado ventajosamente; nada diré que proceda de mí, sino que lo atestiguaré con una autoridad digna de confianza. Por testigo de mi sabiduría os daré al mismo Dios de Delfos, que os dirá si la tengo y en qué consiste. Todos conocéis a Querefón, mi compañero en la infancia, como lo fue de la mayor parte de vosotros, y que fue desterrado con vosotros, y con vosotros volvió. Ya sabéis qué hombre era Querefón y cuán ardiente era en cuanto emprendía. Un día, habiendo partido para Delfos, tuvo el atrevimiento de preguntar al oráculo (os suplico que no os irritéis de lo que voy a decir) si había en el mundo un hombre más sabio que yo; la Pythia le respondió que no había ninguno. Querefón ha muerto, pero su hermano, que está presente podrá dar fe de ello. Tener presente, atenienses, por qué os refiero todas estas cosas, pues es únicamente para haceros ver de dónde proceden esos falsos rumores que han corrido contra mí.
Cuando supe la respuesta del oráculo, dije para mí: ¿qué quiere decir el dios? ¿Qué sentido ocultan estas palabras?; porque yo sé sobradamente que en mí no existe semejante sabiduría ni pequeña ni grande. ¿Qué quiere, pues, decir al declararme el más sabio de los hombres? Porque él no miente. La divinidad no puede mentir. Dudé largo tiempo del sentido del oráculo hasta que, por último, después de gran trabajo, me propuse a hacer la prueba siguiente: fui a casa de uno de nuestros conciudadanos que pasa por uno de los más sabios de la ciudad. Yo creía que allí, mejor que en otra parte, encontraría materiales para rebatir el oráculo y presentarle un hombre más sabio que yo, por más que me hubiere declarado el más sabio de los hombres. […].28
Ese hombre era un político muy reconocido, de quien no dice su nombre, y después de la entrevista, Sócrates, concluye:
Luego que de él me separé razonaba conmigo mismo y me decía: Yo soy más sabio que este hombre. Puede muy bien suceder que ni él ni yo sepamos nada de lo que es bello y de lo que es bueno, pero hay esta diferencia, que él cree saberlo aunque no sepa nada y yo, no sabiendo nada, creo no saber. Me parece, pues, que en esto yo, aunque poco más, era más sabio, porque no creía saber lo que no sabía.29
Luego continúa con más entrevistas de políticos, y el resultado fue el mismo:
[…]. Los dejé, pues, persuadido de que era yo superior a ellos, por la misma razón que lo había sido respecto a los hombres políticos.30
Después se encuentra con los poetas, los entrevista, y:
[…] Conocí desde luego que no es la sabiduría la que guía a los poetas, sino ciertos movimientos de la Naturaleza y un entusiasmo semejante al de los profetas y adivinos; que todos dicen muy buenas cosas sin comprender nada de lo que dicen. Los poetas me parecieron estar en este caso; y, al mismo tiempo, me convencí que, a título de poetas, se creían los más sabios en todas materias si bien nada entendían. Los dejé, pues, persuadido de que era yo superior a ellos, por la misma razón que lo había sido respecto a los hombres políticos.31
En esa búsqueda de la respuesta a la afirmación del oráculo platicó con los artistas, formulándose opinión similar:
[…] Pero, atenienses, los más entendidos entre ellos me parecieron incurrir en el mismo defecto que los poetas, porque no hallé uno que, a título de ser buen artista no se creyese muy capaz y muy instruido en las más grandes cosas y esta extravagancia quitaba todo el mérito a su habilidad.32
Transcurridas estas entrevistas para encontrar a la persona más sabia que él, la conclusión o su juicio fue:
[…] Me parece, atenienses, que sólo Dios es el verdadero sabio y que esto ha querido decir por su oráculo, haciendo entender que toda la sabiduría humana no es gran cosa o, por mejor decir, que no es nada; y si el oráculo ha nombrado a Sócrates, sin duda se ha valido de mi nombre como un ejemplo y como si dijese a todos los hombres: “El más sabio entre vosotros es aquel que reconoce como Sócrates que su sabiduría no es nada”.33
En estas partes del texto se encuentra el fundamento de la frase famosa sólo sé que no sé nada, que textualmente él no la dijo, la redacción como hoy la conocemos y la repetimos no encontré información de quién haya sido el autor de la misma.
Otra frase que se recuerda, de vez en vez, es: una vida sin examen no es vida:
[…] Y si por otra parte, os dijese que el mayor bien del hombre es hablar de la virtud todos los días de su vida y conversar sobre todas las demás cosas que han sido objeto de mis discursos, ya sea examinándome a mí mismo ya examinando a los demás, porque una vida sin examen no es vida, aún me creerías menos. Así es la verdad, atenienses por más que se os resista creerla. […].34
2.8. ¿Por qué sabemos de Sócrates?
De todos, quienes nos preocupamos o nos entendemos de él, nos dicen que Sócrates no dejó nada y ningún escrito, ¿por qué? En esa época, si bien ya existe el lenguaje escrito, no tiene la importancia que sí se le reconoce a la oralidad, por ello, ni para Sócrates ni los sofistas, el escribir, no es su preocupación, como se demuestra en el Diálogo Fedro o del amor:
SÓCRATES.– Me contaron que cerca de Naucratis, en Egipto, hubo un dios, uno de los más antiguos del país, el mismo a que está consagrado el pájaro que los egipcios llaman Ibis. Este dios se llamaba Teut. Se dice que inventó los números, el cálculo, la geometría, la astronomía, así como los juegos del ajedrez y de los dados, y, en fin, la escritura.
El rey Tamus reinaba entonces en todo aquel país, y habitaba la gran ciudad del alto Egipto, que los helenos llaman Tebas egipcia, y que está bajo la protección del dios que ellos llaman Ammon. Teut se presentó al rey y le manifestó las artes que había inventado, y le dijo lo conveniente que era extenderlas entre los egipcios. El rey le preguntó de qué utilidad sería cada una de ellas, y Teut le fue explicando en detalle los usos de cada una; y según que las explicaciones le parecían más o menos satisfactorias, Tamus aprobaba o desaprobaba. Dícese que el rey alegó al inventor, en cada uno de los inventos, muchas razones en pro y en contra, que sería largo enumerar. Cuando llegaron a la escritura:
“¡Oh rey!, le dijo Teut, esta invención hará a los egipcios más sabios y servirá a su memoria; he descubierto un remedio contra la dificultad de aprender y retener. Ingenioso Teut, respondió el rey, el genio que inventa las artes no está en el caso que la sabiduría que aprecia las ventajas y las desventajas que deben resultar de su aplicación. Padre de la escritura y entusiasmado con tu invención, la atribuyes todo lo contrario de sus efectos verdaderos. Ella no producirá sino el olvido en las almas de los que la conozcan, haciéndoles despreciar la memoria; fiados en este auxilio extraño abandonarán a caracteres materiales el cuidado de conservar los recuerdos, cuyo rastro habrá perdido su espíritu. Tú no has encontrado un medio de cultivar la memoria, sino de despertar reminiscencias, y das a tus discípulos la sombra de la ciencia y no la ciencia misma. Porque cuando vean que pueden aprender muchas cosas sin maestros, se tendrán ya por sabios, y no serán más que ignorantes, en su mayor parte, y falsos sabios insoportables en el comercio de la vida.” […]
FEDRO.–Tienes razón en responderme, y creo que es preciso juzgar la escritura como el tebano.
SÓCRATES.–El que piensa transmitir un arte, consignándolo en un libro, y el que cree a su vez tomarlo de éste, como si estos caracteres pudiesen darle alguna instrucción clara y sólida, me parece un gran necio; y seguramente ignora el oráculo de Ammon, si piensa que un escrito pueda ser más que un medio de despertar reminiscencias en aquel que conoce ya el objeto de que en él se trata.
FEDRO.–Lo que acabas de decir es muy exacto.
SÓCRATES.–Éste es, mi querido Fedro, el inconveniente así de la escritura como de la pintura; las producciones de este último arte parecen vivas, pero interrogadlas y veréis que guardan un grave silencio. Lo mismo sucede con los discursos escritos; al oírlos o leerlos creéis que piensan; pero pedidles alguna explicación sobre el objeto que contienen y os responden siempre la misma cosa. Lo que una vez está escrito, rueda de mano en mano, pasando de los que entienden la materia a aquellos para quienes no ha sido escrita la obra, y no sabiendo, por consiguiente, ni con quién debe hablar ni con quién debe callarse. Si un escrito se ve insultado o despreciado injustamente, tiene siempre necesidad del socorro de su padre; porque por sí mismo es incapaz de rechazar los ataques y de defenderse.
FEDRO.–Tienes también razón.35
Notas
- Andrés SEOANE FUENTE, Del dicho al hecho histórico, Universidad Isabel I. ↩
- Real Academia Española, Diccionario de la lengua española. Tomo I, a-g, Madrid, 1992, p. 170, columna primera. ↩
- Real Academia Española, Diccionario…, p. 170, columna primera: apologista. com. Persona que hace alguna apología. ↩
- Enrique LÓPEZ CASTELLÓN, «Platón. Diálogos», en Platón, Diálogos, Francisco Márquez [trd.], Madrid, 2003, p. 27: Los diálogos de Platón. Treinta y cuatro diálogos, trece cartas y un discurso de defensa (Apología) que reproduce supuestamente el que Sócrates pronunció ante sus jueces, han llegado hasta nosotros asociados al nombre de Platón. Trásilo, un erudito que vivió durante el reinado del emperador Tiberio, repartió estos escritos en nueve tetralogías, pero ya en su época se puso en duda la autoría de algunos de ellos. ↩
- Historia de la filosofía clásica. De los griegos a Dante Alighieri, México, 2016, p. 33: El verdadero nombre de Platón era Aristóteles, y fue uno de los alumnos de Sócrates y continúa en cierto modo su obra. Ramón XIRAU, Introducción a la historia de la filosofía, México, 1983, p. 43: Nacido en 427, nombrado en su sexto día con el nombre de Aristocles –Platón es un sobrenombre que indica el viguroso físico del filósofo–, Platón desciende de una familia aristocrática. Por su parte de su padre estaba emparentado con el último rey de Atenas. Por línea materna, con la nobleza de la época de Solón. ↩
- Alfred Edward TAYLOR, El pensamiento de Sócrates, Mateo Hernández Barroso [trd.], México, 2023, p. 144: […] Sócrates, en todo lo que realmente importa, tuvo sólo un “sucesor”: Platón. ↩
- Francisco LARROYO, «Estudio preliminar», en Platón, Diálogos, México, 1976, p. XII. ↩
- Enrique LÓPEZ CASTELLÓN, «Platón. Diálogos»…, p. 12: Entre los artesanos-artistas que habían sido ciudadanos libres y que habían transpasado el umbral de la pobreza por la decadencia de Atenas se encontraba Sócrates, el más famoso de los filósofos griegos, pese a no haber dejado ningún testimonio escrito de su pensamiento. ↩
- Diógenes LAERCIO, Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres Flavio Filostrato, Vidas de los sofistas, José Ortiz y Sanz/José M. Riaño [trds.], México, 2003, pp. 4 y 5. ↩
- Diógenes LAERCIO, Vidas, opiniones…, p. 59. ↩
- Diógenes LAERCIO, Vidas, opiniones…, p. 49. ↩
- Diógenes LAERCIO, Vidas, opiniones…, p. 58. ↩
- Alfred Edward TAYLOR, El pensamiento de Sócrates…, p. 30. ↩
- Simón CRITCHLEY, El libro de los filósofos muertos, Alejandro Pravera [trd.], México, 2009, p. 62: Arquelao (fechas desconocidas, probablemente nacido a comienzos del siglo V a.C.) Arquelao fue discípulo de Anaxágoras y el maestro de Sócrates. Generalmente se le considera el puente entre la filosofía natural jónica y el pensamiento ético ateniense. No se conoce la causa de su muerte y sus escritos se han perdido, excepto las enigmáticas palabras: «El frío es un vínculo». ↩
- Alfred Edward TAYLOR, El pensamiento de Sócrates…, pp. 32 y 33: […] La tradición alejandrina, repetida todavía generalmente como si fuera un hecho, afirma que Sofronisco era un artesano, estatuario o cantero, y sabemos por Pausanias y Diógenes Laercio que aún en el siglo II d.c., un grupo de las Gracias que estaba en la Acrópolis era mostrado como obra de Sócrates. Sin embargo, esto parece ser dudoso. ↩
- Alfred Edward TAYLOR, El pensamiento de Sócrates…, p. 33: […] La primera referencia acerca de Sócrates como hijo de un cantero se halla en algunas líneas satíricas citadas del escritor de versos del siglo III, Timón de Flío y, como ha dicho Burnet, parece, por lo menos, que ni Platón ni Jenofonte habían oído nada al respecto. ↩
- Diógenes LAERCIO, Vidas, opiniones…, p. 50. ↩
- Diógenes LAERCIO, Vidas, opiniones…, p. 52. ↩
- Enrique LÓPEZ CASTELLÓN, «Platón. Diálogos»…, p. 25: […] Sócrates no fue, pues, ni un lógico ni un hombre de ciencia, ni mucho menos un orador o un retórico. Su dialéctica, tan primitiva que a veces se reducía a buscar el significado originario de una palabra, no es un instrumento del saber sino un simple recurso al diálogo en determinadas ocasiones con vistas a convencer racionalmente al interlocutor y a convencerse a uno mismo observando la persuasión del otro ante nuestro argumentos. […]. ↩
- Enrique LÓPEZ CASTELLÓN, «Platón. Diálogos»…, p. 15: […] Con la ironía, esto es, con el arte del disimulo ridiculizaba el presunto saber de su interlocutor; con la mayéutica, esto es, con el arte de ayudar a parir, le hacía tomar conciencia del verdadero saber. El irónico dice menos de lo que piensa para hacer que el otro hable por los codos, tras haber caído en la tentación de mostrar su superioridad demostrando al que se finge ignorante lo que cree saber. Como resultado, el interlocutor de Sócrates tenía que desechar sus prejuicios y sus creencias infundadas. En ese momento recurría el maestro al arte de ayudar a parir, esto es de hacer que su interlocutor tomara conciencia del saber que escondía en su interior. Por eso él no se consideraba maestro sino partero como su madre, […]. ↩
- Francisco LARROYO, «Estudio preliminar»…, p. XI. ↩
- Diógenes LAERCIO, Vidas, opiniones…, p. 59. ↩
- Diógenes LAERCIO, Vidas, opiniones…, p. 5. ↩
- Enrique LÓPEZ CASTELLÓN, «Platón. Diálogos»…, p. 17: Otra de las tópicas frases que suele atribuirse a Sócrates «conócete a ti mismo», era en realidad un lema grabado en el templo de Apolo en Delfos. William Keith Chambers GUTHRIE, Los filósofos griegos. De tales a Aristóteles, Florentino M. Torner [trd.], México, 2023, pp. 8 y 9: […] Aparte del problema de si Sócrates quiso decir con esas palabras algo parecido a lo que por ellas entiende el existencialista del siglo XX, ignora éste que la frase no fue invención de Sócrates sino una de tantas expresiones proverbiales de la sabiduría griega, cuyo autor, si es que puede ser atribuida a algún autor, fue el dios Apolo. ↩
- [Explicando posible origen no divino] Simón CRITCHLEY, El libro…, p. 50: Tales fue probablemente el creador de la expresión «conócete a ti mismo» […]. [P. 51] Quilón (floreció en el siglo VI a.C.) Un espartano al que a veces también se atribuye el dicho «conócete a ti mismo», […]. Diógenes LAERCIO, Vidas, opiniones…, p. 13: De Tales es aquella sentencia: “conócete a ti mismo”; aunque Antístenes en Las Sucesiones dice es de Femonoe, y se la abrogó Quilón. Ramón XIRAU, Introducción…, p. 25: […] Así, a más de un siglo de distancia de Sócrates, Heráclito puede decir: “me he consultado a mí mismo”. De este conocimiento de sí proviene la verdadera sabiduría, la que nos permite encontrar en la razón el origen de las cosas y el sentido de la vida. ↩
- Francisco LARROYO, «Estudio preliminar»…, p. X. ↩
- Jean WAHL, Introducción a la filosofía, José Gaos [trd.], México, 2023, p. 162: Sócrates sólo fue escéptico en el sentido de que buscaba la verdad. Tal es el sentido que debemos atribuir a la frase “sólo sé que no sé nada”. […]. Enrique LÓPEZ CASTELLÓN, «Platón. Diálogos»…, p. 15: […] El famoso «sólo sé que no sé nada» de Sócrates significaba, pues, el reconocimiento de la falsedad o la fragilidad de nuestros prejuicios y de las opiniones que sustentamos sin haberlas examinado a fondo previamente. Reconocerse ignorante era, así, la condición previa para la adquisición del verdadero saber, que brotaba del interior del alma humana y que el filósofo a la manera de la comadrona había de ayudar a parir. […]. ↩
- Platón, Diálogos…, pp. 3, 4 y 5. ↩
- Platón, Diálogos…, p. 4, columna primera. [Sin cursivas en el texto original]. ↩
- Platón, Diálogos…, p. 4, columna segunda. ↩
- Platón, Diálogos…, p. 4, columna segunda. ↩
- Platón, Diálogos…, p. 5, columna primera. ↩
- Platón, Diálogos…, p. 5, columna primera. [Sin cursivas en el texto original]. ↩
- Platón, Diálogos…, p. 16, columna segunda. [Sin cursivas en el texto original]. ↩
- Platón, Diálogos…, p. 658, columnas primera y segunda y p. 659, columna primera. ↩
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la postura de la editorial.
PróximamenteRevista CriminaliaSuscríbete a Criminalia 2026Los tres números impresos de 2026 y un regalo a elegir. Envío sin costo en México.$1,999 MXN · pago único anualPróximamente